martes, 20 de noviembre de 2012

¿Qué hacer en Missoula? Vlog 1.

Aquí os dejo mi primera experiencia con un videoblog (fuera de lo profesional, pero eso es un secreto muy mío). En este documento pongo de manifiesto mi gilipollez. No voy a decir mucho más por si se puede utilizar luego en mi contra.
Ah, si, lo siento por el tema del audio, a veces se escucha bajito y otras pega el pepinazo, pero oye, que yo no me dedico a esto, que lo mío es hablar desde las sombras. La resolución de los vídeos tampoco es muy allá, uno de ellos ni siquiera lo he grabado yo (el del paseo, porque el mío quedaba muy feo, pero shhhhh)

Espero que aprendáis mucho acerca del Leisure Time en MisSOULa. Esto es solo el principio, ya os iré haciendo desglose y explicando poco a poco que hay por aquí.

¡Espero que os guste! Y dejadme comentarios, hacedme el favor, no me seáis tacaños.





domingo, 11 de noviembre de 2012

Spooky Halloween

Queridos seguidores de este humilde blog. Ante todo, perdón por mi tardanza, una se está acostumbrando a la vida americana, se echa amigos/as, tiene deberes, entra y sale y no hay tiempo para contaros la vida en estos magníficos parajes, además ya nieva y hemos llegado a los -18º y claro, da un perezón encender el ordenador... Pero aquí estoy y ante la gran demanda recibida para que escribiera una entrada hablando de mi Halloween no podía fallaros y aquí la teneis, espero no decepcionaros.

Digo que espero no decepcionaros porque Halloween en los Estados Unidos de América para los adultos no es muy diferente al Halloween de pega que tenemos en España. Los adultos se ponen trajes ridículos y se reúnen en bares o casas para hacer fiestas particulares, es decir, se reúnen para emborracharse, como allí. Cualquier fiesta es buena para agarrarse el pedo, eso lo saben los americanos y los españoles, aunque lo españoles tengamos más conocimiento y práctica del asunto. El Halloween aquí es para los niños y los abuelos que se aburren en casa y por lo menos una noche al año van a verlos otros niños solo por el interés de que les den chucherías y chocolates, es decir,  pillando nietos prestados. 

Yo me preparé concienzudamente para mi primer Halloween de verdad, el genuino, el de las películas. El Halloween en el que iba a morir asesinada por un estudiante zumbado con máscara. No encontré traje de flamenca para disfrazarme, pero es que tampoco iba a ir a ninguna fiesta porque yo, como orgullosa tía de sobrino americano iba a acompañar al pequeño Leo a hacer "Treak-or-treating" (pedir caramelos por las casas). Me preparé concienzudamente, digo, porque me empapé de la historia del Halloween, de sus principios y todo el rollo que no os voy a contar porque es un peñazo. Yo os voy a contar la parte molona.

Un día fuimos a un Pumpking Patch. Esto es una parcela que tiene un particular en sus acres de tierras que la prepara para tal evento de esta manera: Primero te cobra entrada, 8$ por persona (incluyendo los niños y los bebés, menudo robo), entras por una valla como las que hay para las vacas y encuentras un campo precioso lleno de calabazas (que presuntamente ha plantado el señor en sus acres de tierras) y el objetivo es que tú elijas las que más te gusten, te las pesan y te las venden (aparte de lo que te ha costado la entrada). También puedes encontrar animalitos para interactuar con ellos; cabras, ponies y ovejas. Las boñigas forman parte del encanto del lugar. También había un parquecillo para que jugaran los niños, un puesto de comida (para gastar más dinero) y lo que más me gustó a mí y me resultó mas emocionante: Los laberintos.

Los laberintos se merecen un punto y aparte porque molan mazo. Había un mini-laberinto para los niños hecho con fardos rectangulares de paja que llegaban a la altura de mi rodilla (por encima de vuestros tobillos). Pero luego estaba el gran laberinto, el de los adultos. Este se dividía en dos, mitad hecho de paja y mitad dentro de un maizal. Las paredes del laberinto medían más de dos metros con lo cual no tenías narices a ver más allá de los pasillos frente a tí. En la entrada recogías un papel de las tres opciones que te daban: Modo easy, medium o difficult. Nosotros cogimos los tres, por si acaso fallaba el difficult. Entrabas en el laberinto y cuando encontrabas un triángulo con un color buscabas en el papelito el color y te ponía un acertijo y varias respuestas y al lado de cada respuesta una dirección a tomar, elegías la que creías que era y seguías las indicaciones para llegar a la salida. Era jodido. mejor no intentar entrar sin papelito y acertijos porque no sales de allí en tu vida. así y todo había un señor en lo alto sentado, como los árbitros del tenis  por si te daba un chungo y tenía que ir a buscarte. Debo recalcar que la parte hecha de paja estaba bien pero el maizal acojonaba. Os dejo documentación gráfica tomada por mí misma. Una de las calabazas, otra de uno de los pasillos del laberinto grande (de espaldas mi hermano y mi cuñada, yo iba detrás, como buena acojonada) otras dos del laberinto grande tomada desde la garita en las alturas del señor granjero-vigilante.




Una vez compradas las calabazas nos fuimos a casa para vaciarlas y hacer las ya conocídisimas calabazas terroríficas de Halloween. En realidad se llaman Jack-O-Lantern y es muy divertido hacerlo, además, aquí la gente se lo toma super enserio, como una tradición. Yo hice la mía propia, fotos a continuación, una del durante y otra del después:



 Cada uno le hace la cara que le da la gana y la mía era una cara que se debatía entre el miedo y el alcohol, porque yo lo quise así y punto, que todo el mundo se metía con ella aquí porque no daba miedo. No daba miedo porque tenía miedo el pobre Jack-o-lantern. 
Cuando vacían lo de dentro suelen secar y hornear las pepitas con canela y azúcar o con sal y después comerlas, obviamente. 
Pusimos las calabazas en la puerta (solo dos tristes calabazas) y fuimos a comprar chocolatinas, no sé para qué porque vivo en la montaña perdida y alejada de la mano de Dios y aquí no hay niño que se acerque a pedir caramelos, no hay niños, pero tampoco farolas, ni acerados, solo montaña y ciervos, así que los 3 kilos de chocolatinas están por aquí todavía rondando y no puedo volver a ver un kitkat en mi vida gracias a ello. 
La gran noche de los muertos, la escalofriante noche de Halloween llegó y nosotros nos fuimos al Downtown de la ciudad a cenar a casa de unos amigos que también tenían niños, y una casa céntrica, y aceras y farolas. Es lo que tiene Halloween que si no tienes algo, lo pides prestado.
Antes de cenar fuimos a hacer Treak-or-treating con los niños. Enfundamos al pequeño Leo con su disfraz de León (lógicamente) y nos fuimos a pedir caramelos por las casas. Allí estaba yo, acompañando a un León de 15 meses, un niño-flamenco (de flamenco pájaro) un Darth Vader, una pirata y un par de medusas de entre 0 y 5 años. Nos abrieron la puerta todo tipo de gentes, eso sí que era escalofriante. Un pingüino de 40 años, un sombrerero loco de 60, otros no abrían directamente y dejaban los bowls de caramelos en las puertas (y los inocentes niños americanos solo cogían uno cada uno, si llegan a ser de Badajoz no dejan ni la alfombrilla).. En fin  que hicimos buen motín, todos menos Leo, que como es pequeño solo recogió 5 chocolates porque no lo veían y porque estaba más emocionado por meter el dedo dentro de los ojos de las calabazas que en los caramelos en sí. Dejo documentación gráfica de Leo el León (mi sobrino), sale con los ojos tapados por lo de la identidad de los niños y todo el rollo, una pena porque es lo más bonito que tiene, para que os hagáis una idea de lo mono que estaba y orgullosa que estoy yo. 


Si las personas que están dentro de las casas quieren participar en el Halloween ilusionando a los niños de la vecindad tienen que poner decoración "spooky" en la puerta y dejar la luz del porche encendida, eso indica que en esa casa hay material. 
Y nada, poco más, al día siguiente (y hasta el día de hoy y probablemente durante el próximo mes) comimos chocolate hasta el cólico. 

Es importante decir, y fuera bromas, que hay que tener mucho cuidado con los niños esta noche. La gente  está muy loca. Precisamente porque la gente que está muy loca se ha prohibido en USA que se den dulces fabricados en casa, tienen que ser dulces industriales y debidamente empaquetados. Esto es porque en los años 70, en California, un malnacido metió cuchillas de afeitar dentro de las manzanas caramelizadas y alfileres en las nubes dulces dándoselas a los niños y montando lo que os podéis imaginar. La gente además de tener mucho tiempo libre es imbécil. Así como anécdota real. 

Y eso es todo, espero no haberos decepcionado con mi escalofriante experiencia jalogüindeña. Todavía me queda aquí Acción de gracias, me da que de ahí también voy a sacar miga. Y mi próxima entrada se posible que sea en formato vídeo, voy a hablaros del Leisure Time en Missoula y eso es mucha tela para explicarlo de manera escrita.

Un abrazo muy grandote y no comáis muchos dulces o acabareis pareciendo Jack-o-lanterns.